Dejá de buscar, ellos te van a encontrar

Dejá de buscar, ellos te van a encontrar
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“Las nuevas generaciones están aisladas por los smartphones”. Esta premisa se escucha casi a diario. Y la culpa la tienen los jóvenes, sí, ellos, que se pasan todo el tiempo mirando la pantalla. Constantemente actualizan su Facebook, fotografían su comida en Instagram o se rompen la cabeza pensando un ingenioso comentario de sólo 140 caracteres. Incluso menos, jamás puede faltar el bendito/maldito pero imprescindible #.

Pero la culpa también la tiene la poca memoria de esas personas que responsabilizan de todo a la tecnología. Previo al celular, los jóvenes se aislaban con el mp3, antes con el discman y unos años más atrás (cómo lo añoro y se merece la mayúscula) con El Walkman.

Antes de estos artefactos, ¿la atención de las personas estaba volcada a la interacción con sus pares? No.

Desde que aquel orfebre alemán inventara la prensa de imprenta moderna y naciera la llamada Galaxia Gutenberg, la escritura -y por ende la lectura- se popularizó, primero en Europa y luego en todo el mundo. El tiempo de las personas para el ocio se dividió.

Desde ese punto, los letrados repartieron su tiempo entre conversaciones y lectura. Los periódicos se convirtieron en verdaderos protagonistas, no siempre positivos, de la historia (los invito a leer a Hearst y la Guerra hispano-estadounidense).

Personas leyendo el diario

Personas leyendo el diario

Y con cada avance tecnológico el tiempo de atención se dividió. Ríos de tinta se escribieron sobre cómo las marcas debían captar un poco de atención. Porque ellas no sólo compiten con otras marcas sino que pelean con artistas, con hobbies, con las horas de sueño, es decir: con todo aquello que las personas prefieren a la publicidad.

Y un buen día interrumpen servicios como Facebook y Google. Muchos publicistas los presentaron como el milagro de la publicidad. “Sabemos exactamente a quién dirigimos el mensaje”. “Conocemos qué le gusta”. Y una de las mayores mentiras: “En internet podemos medir todo y además Facebook es gratis”.

Finalmente, como éste es un blog de marketing digital, voy a defender a capa y espada estas plataformas, siempre que sean beneficiosas para las marcas y su mensaje. Se mide mejor, cierto; conocemos más a los usuarios, también. Y el mensaje es más eficiente, definitivamente sí.

¡Ojo!, tengan presente que en internet el poder es del usuario. Invadirlo con publicidad, aunque le interese, es interrumpirlo, y con un simple clic en la cruz desaparecen meses de planificación y diseño. Por eso marcas como Red Bull cambiaron la estrategia, y además de publicidad apuntada a la venta, genera contenidos interesantes y algunos irresistibles para el más amplio público, sean fans de la marca o no.

El salto supersónico de Felix Baumgartner es un gran ejemplo. Si bien la marca promocionó el evento, los usuarios buscaron el contenido. 39 millones de vistas en Youtube y contando. Además, fue un evento transmitido en vivo vía streaming, o sea, otra cantidad de millones que vieron Red Bull una y otra vez.

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Muchos detractores dirán que para Red Bull es sencillo crear contenido interesante, que hay marcas que no pueden. ¡Mentira! Todas las marcas, no sólo pueden, tienen la obligación de crearlo. Si tus creativos no son fieles creyentes, aquí tenemos a los nuestros predicando las 24 horas sobre el contenido atractivo.

Como cierre les dejo un ejemplo más cercano. Volvo y sus camiones (al momento de escribir ya tenía más de 4 millones de vistas en 3 días).

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